La persecución de los judíos durante la Edad Media fue un hecho corriente. Generalmente se basó en el pretexto de que los judíos merecían ser perseguidos porque eran la raza que había crucificado a Jesucristo, fundador de la religión cristiana. (A nadie se le ocurrió pensar que los primeros cristianos y, el propio Cristo, fueron judíos.) Semejante acusación sirvió para enardecer a las sociedades medievales supersticiosas en las que, además, había otros motivos que explicaban el odio a los judíos.
Por ejemplo, durante mucho tiempo fueron los únicos prestamistas y ocuparon una posición destacada en el comercio, lo que llevó a que la gente les debiera dinero y a que durante mucho tiempo no ocuparan una posición clara en la sociedad mayoritariamente rural de la Europa medieval. Los judíos se congregaron en las ciudades y practicaron su propia religión y ritos. Pese a que en términos comparativos eran pocos, llamaron mucho la atención, a menudo por su vestimenta.
Los tiempos de persecución, atropellos y matanzas desaparecieron lentamente, al menos en Europa occidental... tendencia que, hay que reconocerlo, se debió en gran parte a que en la Edad Media desaparecieron la mayoría de las comunidades judías de Occidente (a medida que cada vez más judíos se desplazaban hacia el este hasta el reino de Polonia-Lituania).
El capitán Dreyfus, condenado por traición, es degradado en las primeras etapas del proceso que comenzó en 1894 y que durante años dividiría y envenenaría a la sociedad francesa. Oficial de estado mayor de origen judío, Dreyfus fue condenado por espionaje a cadena perpetua en la isla del Diablo. investigaciones posteriores demostraron que varios oficiales de alta graduación se habían confabulado para falsificar las pruebas.
Gradualmente, los judíos de los Países Bajos, Inglaterra, Francia, Italia y Alemania fueron tratados con más tolerancia. A partir del siglo XVII y en los niveles medios y altos de la sociedad pudieron llevar vidas bastante normales. Y, lo que es más importante, con el paso del tiempo se desmantelaron las leyes que en muchos países imponían cargas y obligaciones específicas a los judíos. En este sentido, es posible que la influencia de la Revolución Francesa fuese el factor más decisivo. A partir de dicha revolución y en los primeros años del siglo XIX, los judíos se vieron liberados de las múltiples injusticias que anteriormente habían soportado.
Este cambio no significó que los judíos dejaran de distinguirse. Siguieron formando (si no se volvieron formalmente cristianos) una comunidad separada por la religión, la educación y la lengua. El hebreo era el idioma de la religión judía y los judíos de Europa oriental, donde vivían en su inmensa mayoría, hablaban yiddish (una mezcla de dialecto alemán y hebreo). No desaparecieron los prejuicios sociales contra los judíos. Exis idir a sus súbditos para que lucharan entre sí, el régimen apeló deliberadamente al antiguo odio supersticioso hacia los judíos desplegado por la Iglesia ortodoxa. A partir de los años ochenta, hubo frecuentes pogromos o asaltos contra los judíos: saqueos y robos de casas y tiendas de judíos e invasión de los guetos por matones que azotaron a sus habitantes, matándolos en ocasiones, o que violaron a las jóvenes. A menudo la policía organizó esos pogromos.
Aunque no fuese así, las autoridades hicieron la vista gorda y no protegieron a los judíos. Tal vez no sea sorprendente que los judíos destacaran entre los dirigentes de los grupos revolucionarios rusos. Con excepción de Rusia, Rumania fue el único país europeo que legalizó el antisemitismo. Rumania trató como extranjeras a las comunidades judías que llevaban siglos asentadas en la provincias del Danubio, política que persistió hasta 1919.

En los guettos los judíos formaron sociedades de ayuda mutua , grupos de estudio, grupos para la educación de niños , grupos para el culto y sociedades de asistencia a los pobres.
Ningún europeo culto habría sostenido que Europa oriental podía considerarse representativa del nivel de civilización al que pertenecía. El trato que se dio a los judíos en los países occidentales fue algo de lo que podía sentirse mucho más orgulloso. Empero, incluso en esos países la propagación de ideas racistas a finales del siglo XIX sembró las simientes que más adelante producirían horrorosas atrocidades. El surgimiento de dichas ideas fue sin duda la señal de que algo fallaba en los cimientos mismos de la cultura europea, por muy sólidos y liberales que parecieran sus logros.
Fuente Consultada: Historia Universal Ilustrada de John Roberts Tomo 2